Una mirada reflexiva sobre lo que me ocupa y preocupa en cuestiones ambientales y de conservación de la naturaleza
jueves, 5 de mayo de 2016
Sociedad arboricída
Estamos rodeados de noticias, vivimos inmersos en ellas, así que cada día, nos desayunamos con enormes cantidades, las más de las veces tan solo las oímos, pero otras, sea por la razón que fuere, las escuchamos con singular atención, especialmente si como es el caso de la que aquí comento, indignan e hieren profundamente por la impotencia que generan, la estupidez de su objeto y la cobardía de su acto.
Esta mañana me he desayunado con una de ellas. Entre la multitud que suelen inundarnos hoy destacaba una para mi, el asesinato, cruel y premeditado de un ser sagrado, un gran árbol, un roble majestuoso y centenario (más de 300 años le calculaban), el gran roble de La Solana, que como todos los árboles, cumplía la sagrada función de aportar riqueza a su entorno a cambio tan solo de la pieza más básica para convivir, de respeto. El arboricídio ha sucedido en la localidad extremeña de Barrado, provincia de Cáceres, en el muy conocido Valle del Jerte. Probablemente nunca sabremos que pecado cometió para el despreciable ser que ejecutó tan ignominioso crimen, como probablemente nunca podamos saber quien fue para poder ser castigado como se merece por la justicia. Sólo sabemos que quien lo hizo, a juzgar por la forma de realizar el acto, sabía muy bien que hacer y como hacerlo más efectivo, realizando diversos cortes en zonas vitales para posteriormente introducirle una sustancia tóxica que acabara con su vida. A juzgar por las pruebas de su delito y los resultados obtenidos, una ejecución técnicamente "impecable".

Conozco bien el mundo rural, me muevo asiduamente en él y como cualquiera que así haga también, sabe que en ese contexto, es imposible guardar un secreto mucho tiempo, el problema es demostrarlo. Cualquier sociedad que se considere civilizada debe mostrar un grado de intolerancia absoluta hacia quienes atenten contra el bienestar de los seres que la componen, pertenezcan éstos a la especie que sea, sobre todo, cuando ese atentado afecta de lleno al bien de la comunidad. Si esto sucediera así en este país, la identidad de tamaño miserable ya se sabría, nadie osaría dar cobijo con su silencio a quien actúa contra todos y sería denunciado. Pero por desgracia este no es el caso, como no lo es nunca o casi nunca en nuestra sociedad, donde tales crímenes contra la naturaleza suelen quedar impunes, bien por lo descrito, bien por algo más grave, la falta de interés cuando no de sensibilidad, de las autoridades competentes para llegar al fondo de la cuestión, indagando por supuesto en los motivos que han podido llevar a ello, algo fundamental para evitar en el futuro tan lamentables sucesos.
En el trasfondo pues, cabe preguntarse ¿que puede haber hecho llegar a tal extremo a un individuo, que es lo que ha fallado para que tal situación de haya dado?. Al margen de la falta de cordura que queda manifiesta en tal actuación, lo que está claro es que urge plantearse si detrás de los actos de agresión contra la naturaleza, sean del tipo que sean, no hay un vacío emocional que ha llevado a la sociedad a una cada vez mayor desconexión con su esencia natural, materializando todo ser viviente o el espacio natural que le envuelve, al dotarle de valor solo en función de su utilidad práctica o mercantil. Decía Buda que todo lo que somos es el resultado de lo que hemos pensado, así que si queremos cambiar la sociedad que tenemos, hemos de empezar por cambiar nuestros pensamientos, hacernos conscientes de lo real que no es sino la vida y potenciar un marco emocional que sustituya el concepto del precio por el de aprecio, el del afecto por lo vivo.

El roble de La Solana ha muerto, de pie como mueren los seres dignos, el bosque al que pertenecía sigue aún ahí, velando su yermo y robusto cuerpo. Quizás como seres sabios que son, lleguen a perdonar la pérdida de tan venerable hermano y como en otros casos, nos sigan dando una oportunidad tras otra de no volver a equivocarnos. Sinceramente, no sé si seremos capaces de ello.
Esta mañana me he desayunado con una de ellas. Entre la multitud que suelen inundarnos hoy destacaba una para mi, el asesinato, cruel y premeditado de un ser sagrado, un gran árbol, un roble majestuoso y centenario (más de 300 años le calculaban), el gran roble de La Solana, que como todos los árboles, cumplía la sagrada función de aportar riqueza a su entorno a cambio tan solo de la pieza más básica para convivir, de respeto. El arboricídio ha sucedido en la localidad extremeña de Barrado, provincia de Cáceres, en el muy conocido Valle del Jerte. Probablemente nunca sabremos que pecado cometió para el despreciable ser que ejecutó tan ignominioso crimen, como probablemente nunca podamos saber quien fue para poder ser castigado como se merece por la justicia. Sólo sabemos que quien lo hizo, a juzgar por la forma de realizar el acto, sabía muy bien que hacer y como hacerlo más efectivo, realizando diversos cortes en zonas vitales para posteriormente introducirle una sustancia tóxica que acabara con su vida. A juzgar por las pruebas de su delito y los resultados obtenidos, una ejecución técnicamente "impecable".

Conozco bien el mundo rural, me muevo asiduamente en él y como cualquiera que así haga también, sabe que en ese contexto, es imposible guardar un secreto mucho tiempo, el problema es demostrarlo. Cualquier sociedad que se considere civilizada debe mostrar un grado de intolerancia absoluta hacia quienes atenten contra el bienestar de los seres que la componen, pertenezcan éstos a la especie que sea, sobre todo, cuando ese atentado afecta de lleno al bien de la comunidad. Si esto sucediera así en este país, la identidad de tamaño miserable ya se sabría, nadie osaría dar cobijo con su silencio a quien actúa contra todos y sería denunciado. Pero por desgracia este no es el caso, como no lo es nunca o casi nunca en nuestra sociedad, donde tales crímenes contra la naturaleza suelen quedar impunes, bien por lo descrito, bien por algo más grave, la falta de interés cuando no de sensibilidad, de las autoridades competentes para llegar al fondo de la cuestión, indagando por supuesto en los motivos que han podido llevar a ello, algo fundamental para evitar en el futuro tan lamentables sucesos.
En el trasfondo pues, cabe preguntarse ¿que puede haber hecho llegar a tal extremo a un individuo, que es lo que ha fallado para que tal situación de haya dado?. Al margen de la falta de cordura que queda manifiesta en tal actuación, lo que está claro es que urge plantearse si detrás de los actos de agresión contra la naturaleza, sean del tipo que sean, no hay un vacío emocional que ha llevado a la sociedad a una cada vez mayor desconexión con su esencia natural, materializando todo ser viviente o el espacio natural que le envuelve, al dotarle de valor solo en función de su utilidad práctica o mercantil. Decía Buda que todo lo que somos es el resultado de lo que hemos pensado, así que si queremos cambiar la sociedad que tenemos, hemos de empezar por cambiar nuestros pensamientos, hacernos conscientes de lo real que no es sino la vida y potenciar un marco emocional que sustituya el concepto del precio por el de aprecio, el del afecto por lo vivo.

El roble de La Solana ha muerto, de pie como mueren los seres dignos, el bosque al que pertenecía sigue aún ahí, velando su yermo y robusto cuerpo. Quizás como seres sabios que son, lleguen a perdonar la pérdida de tan venerable hermano y como en otros casos, nos sigan dando una oportunidad tras otra de no volver a equivocarnos. Sinceramente, no sé si seremos capaces de ello.
miércoles, 30 de diciembre de 2015
Casi un millar de silencios
A toda gente de bien le revuelve la muerte de un ser vivo, más aún si es un ser humano, cosa de especie supongo o de "especismo" más bien. Es sobre todo más intenso ese sentimiento, si esa muerte se produce como atroz consecuencia de ser culpable de luchar por un fin digno y en coherencia con unos principios basados en la libertad y el bien común. En todo el mundo se suceden acciones de esta índole, que generalmente quedan impunes, lo que añade sin duda un agravante de impotencia e indignación. Todos desgraciadamente oímos o conocemos casi a diario casos que se suceden en todo el mundo al respecto,
No obstante, la persecución de la que son objeto aquellos que luchan por el bien común de la conservación de su medio ambiente, es probablemente la información al respecto menos conocida, tal vez porque de serlo, con frecuencia no se relaciona con esta causa su asesinato, quizás por esa miope visión que separa el desarrollo, del derecho a un medio ambiente de calidad, cuando en realidad uno no se puede lograr sin el otro. Ambas son parte indisoluble de la coherencia racional de nuestra existencia.
El pasado 22 de diciembre se cumplieron 28 años de la muerte de Chico Mendes, quizás el más emblemático de todos los asesinados por esa causa (para ampliar información ver http://www.ecologistasenaccion.org/article1158.html), probablemente por la repercusión que tuvo su lucha, pero que como veremos fue una victima más de la ambición desmedida y necedad del ser humano, cuya capacidad de autodestrucción solo rivaliza con su soberbia y prepotencia como especie.
El único pecado de Chico Mendes fue tener conciencia, dignidad y coraje para defender lo que sabía era la única verdad insoslayable, que si se maltrata la tierra que nos permite la vida, ésta a su vez también nos maltratara y nos hará desaparecer. Sindicalista y activista medioambiental, destacar en ello, le valió el premio Global 500 que otorga la ONU, pero también la muerte, asesinado un año después a manos de esbirros pagados por los terrateniente y madereros que destruyen la Amazonía que él tanto amaba. Ese fue el pago por pasar de humilde extractor de caucho a líder que despierta las conciencia de los olvidados.
Desgraciadamente, Chico, es uno más de la larga lista de asesinados que en todo el mundo ha costado la vida durante la última década a más de 900 activistas. Son héroes desconocidos, cuya lucha y las de sus comunidades es silenciada por los grandes medios de comunicación, financiados en muchos casos por los mismos grupos económicos que destruyen el medio ambiente que les es vital, que nos es vital para sobrevivir, y por el que ellos combaten.
Hasta finales de noviembre, según datos de la organización Global Witness, durante este año que acaba, también acabaron con la vida de 78 activistas pro derechos ambientales y ecosociales en todo el mundo. La gráfica de abajo muestra la evolución de esta masacre silenciosa y silenciada con frecuencia, que está sucediendo en países empobrecidos mientras nuestro opulento mundo rico, se debate entre que modelo de móvil o auto de última tecnología compra, sin siquiera imaginar que parte de los materiales que nos "ablandan" la vida ha costado la de otros a quienes se les expolia impunemente. Son estos activistas precisamente, los que con coraje, intentan frenar la barbarie demoledora que impone nuestro modelo irracional de sociedad a otras, que luchan únicamente por sobrevivir dignamente.

Como se puede observar, entre 2008 y finales de 2012, se produjo una brutal escalada de asesinatos coincidiendo no de forma casual, con un incremento registrado del precio de las materias primas en los mercados internacionales, materias primas que son extraídas en su mayor parte precisamente de las zonas donde se ubican estas poblaciones, muchas de ellas, indígenas indefensos, una y mil veces masacrados históricamente. Según Global Witness, de todos estos asesinatos, tan solo el 1% de los ejecutores directos han sido condenados, lo que da idea del nivel de impunidad a la que se enfrentan las personas que se oponen a la destrucción de sus tierras y bienes vitales.
La mayor parte de esos territorios pertenecen a los también históricamente expoliados continentes africano y centro y sur americano. Tampoco es casual, la coincidencia entre expoliadores y expoliados, que provienen respectivamente de lugares del planeta con una alta y baja densidad poblacional y con un alto y bajo nivel de "desarrollo". Podríamos decir metafóricamente, que es la Ley de los Vasos Comunicantes del Expolio. Una sangría que nunca toca a su fin y que cada vez exige más y más recursos a los que legítimamente luchan por evitarlo.
Con todo lo comentado se puede entender que las principales causas por las que estos asesinatos son cometidos están relacionadas con la extracción de minerales, la tala de bosques para madera, la inundación de tierras o la pérdida de derechos sobre sus tierras a manos de terrateniente o corporaciones internacionales. Brasil encabeza esta terrible lista, con casi 450 victimas en la última década, seguida por otro país americano, Honduras con 109 y uno asiático, Filipinas con 67. Detras de todo ello está la perdida de bosques y biodiversidad, la contaminación de los recursos hídricos o la sobre explotación de tierras hasta su agotamiento y desertificación, entre muchos otras consecuencias.
El caucho, la soja que alimenta de forma barata la creciente ganadería industrial, el petroleo que de forma insaciable consumimos y que exigimos al menor coste, el aceite industrial de palma cuyo cultivo asola los últimos bosques tropicales, la carne barata producida a costa de la deforestación de las selvas americanas, etc, etc, etc , Todo ello está detrás, como detrás también estamos quienes con nuestra ignorancia o más bien, cómoda indiferencia, seguimos consumiendo y consumiendo con desafuero.
Somos pues cómplices callados y ocultos de esta injusticia global que sigue sucediéndose, y frente a la cual, se seguirán oponiendo esos héroes, los únicos verdaderos, a quienes ninguno de nosotros conocerá jamás, salvo por su nombre, el que aparecerá como esquela o noticia cuando sus cuerpos y almas ya no palpiten ante la ignominia,
Para todos ellos, al filo de este final de año, en su memoria y recuerdo, hoy y siempre, mi mayor admiración, gratitud y respeto.
No obstante, la persecución de la que son objeto aquellos que luchan por el bien común de la conservación de su medio ambiente, es probablemente la información al respecto menos conocida, tal vez porque de serlo, con frecuencia no se relaciona con esta causa su asesinato, quizás por esa miope visión que separa el desarrollo, del derecho a un medio ambiente de calidad, cuando en realidad uno no se puede lograr sin el otro. Ambas son parte indisoluble de la coherencia racional de nuestra existencia.
El pasado 22 de diciembre se cumplieron 28 años de la muerte de Chico Mendes, quizás el más emblemático de todos los asesinados por esa causa (para ampliar información ver http://www.ecologistasenaccion.org/article1158.html), probablemente por la repercusión que tuvo su lucha, pero que como veremos fue una victima más de la ambición desmedida y necedad del ser humano, cuya capacidad de autodestrucción solo rivaliza con su soberbia y prepotencia como especie.
El único pecado de Chico Mendes fue tener conciencia, dignidad y coraje para defender lo que sabía era la única verdad insoslayable, que si se maltrata la tierra que nos permite la vida, ésta a su vez también nos maltratara y nos hará desaparecer. Sindicalista y activista medioambiental, destacar en ello, le valió el premio Global 500 que otorga la ONU, pero también la muerte, asesinado un año después a manos de esbirros pagados por los terrateniente y madereros que destruyen la Amazonía que él tanto amaba. Ese fue el pago por pasar de humilde extractor de caucho a líder que despierta las conciencia de los olvidados.
Desgraciadamente, Chico, es uno más de la larga lista de asesinados que en todo el mundo ha costado la vida durante la última década a más de 900 activistas. Son héroes desconocidos, cuya lucha y las de sus comunidades es silenciada por los grandes medios de comunicación, financiados en muchos casos por los mismos grupos económicos que destruyen el medio ambiente que les es vital, que nos es vital para sobrevivir, y por el que ellos combaten.
Hasta finales de noviembre, según datos de la organización Global Witness, durante este año que acaba, también acabaron con la vida de 78 activistas pro derechos ambientales y ecosociales en todo el mundo. La gráfica de abajo muestra la evolución de esta masacre silenciosa y silenciada con frecuencia, que está sucediendo en países empobrecidos mientras nuestro opulento mundo rico, se debate entre que modelo de móvil o auto de última tecnología compra, sin siquiera imaginar que parte de los materiales que nos "ablandan" la vida ha costado la de otros a quienes se les expolia impunemente. Son estos activistas precisamente, los que con coraje, intentan frenar la barbarie demoledora que impone nuestro modelo irracional de sociedad a otras, que luchan únicamente por sobrevivir dignamente.
Como se puede observar, entre 2008 y finales de 2012, se produjo una brutal escalada de asesinatos coincidiendo no de forma casual, con un incremento registrado del precio de las materias primas en los mercados internacionales, materias primas que son extraídas en su mayor parte precisamente de las zonas donde se ubican estas poblaciones, muchas de ellas, indígenas indefensos, una y mil veces masacrados históricamente. Según Global Witness, de todos estos asesinatos, tan solo el 1% de los ejecutores directos han sido condenados, lo que da idea del nivel de impunidad a la que se enfrentan las personas que se oponen a la destrucción de sus tierras y bienes vitales.
La mayor parte de esos territorios pertenecen a los también históricamente expoliados continentes africano y centro y sur americano. Tampoco es casual, la coincidencia entre expoliadores y expoliados, que provienen respectivamente de lugares del planeta con una alta y baja densidad poblacional y con un alto y bajo nivel de "desarrollo". Podríamos decir metafóricamente, que es la Ley de los Vasos Comunicantes del Expolio. Una sangría que nunca toca a su fin y que cada vez exige más y más recursos a los que legítimamente luchan por evitarlo.
Con todo lo comentado se puede entender que las principales causas por las que estos asesinatos son cometidos están relacionadas con la extracción de minerales, la tala de bosques para madera, la inundación de tierras o la pérdida de derechos sobre sus tierras a manos de terrateniente o corporaciones internacionales. Brasil encabeza esta terrible lista, con casi 450 victimas en la última década, seguida por otro país americano, Honduras con 109 y uno asiático, Filipinas con 67. Detras de todo ello está la perdida de bosques y biodiversidad, la contaminación de los recursos hídricos o la sobre explotación de tierras hasta su agotamiento y desertificación, entre muchos otras consecuencias.
El caucho, la soja que alimenta de forma barata la creciente ganadería industrial, el petroleo que de forma insaciable consumimos y que exigimos al menor coste, el aceite industrial de palma cuyo cultivo asola los últimos bosques tropicales, la carne barata producida a costa de la deforestación de las selvas americanas, etc, etc, etc , Todo ello está detrás, como detrás también estamos quienes con nuestra ignorancia o más bien, cómoda indiferencia, seguimos consumiendo y consumiendo con desafuero.
Somos pues cómplices callados y ocultos de esta injusticia global que sigue sucediéndose, y frente a la cual, se seguirán oponiendo esos héroes, los únicos verdaderos, a quienes ninguno de nosotros conocerá jamás, salvo por su nombre, el que aparecerá como esquela o noticia cuando sus cuerpos y almas ya no palpiten ante la ignominia,
Para todos ellos, al filo de este final de año, en su memoria y recuerdo, hoy y siempre, mi mayor admiración, gratitud y respeto.
martes, 1 de diciembre de 2015
El lobo está de moda (I)
Esa fue la contestación que recibí hace poco por parte de una persona como comentario a mi respuesta, cuando en contestación a la pregunta de donde había estado durante mis vacaciones, le dije que uno de los lugares fue Solana del Pino, como participante en las jornadas sobre el lobo ibérico en Sierra Madrona, "Emlobados 2015".
Me molesta sobremanera que algo tan importante para mi como es la conservación de la biodiversidad sea vista por algunas personas como sujeto a modas, especialmente como fue el caso si además se agrava por dedicarse profesionalmente al medio ambiente. Esta percepción refleja una vez más el tipo de sociedad en el que nos hallamos imbuidos, presa de vaivenes dirigidos por grupos de poder en función de hacia donde se quiera dirigir la atención. Si algo vende o puede resultar rentable que atraiga la atención de la sociedad, se visualiza hasta la saciedad para mantener la atención de ese objeto o fin y una vez cumplido el objetivo para el que fue creado, sacada la rentabilidad perseguida, desaparece.
Esto también ocurre con las especies, sobre todo si resultan "rentables" para vender una imagen, en este caso el de la impoluta gestión y buen hacer de una administración politizada que pretende hacer ver a los ciudadanos que lo que de verdad le interesa es la conservación de la biodiversidad, ocurre sobre todo con especies "estrella"como el lince, el oso, etc., muy mediáticas y por tanto muy valoradas también por la opinión pública, algo que sabe bien la clase política, que abandona a su suerte a las que no lo son o no tanto por la sociedad, generalmente fruto más del desconocimiento que de su indiferencia.
No obstante, la preocupación por la conservación de especies tales si bien puede ser real, lo es sobre todo, si el objeto a proteger, hábitat o especie, no representa un elemento incomodo a defender, siendo la realidad bien distinta, si ello no es así. Quizás el paradigma de esta cuestión quien mejor lo representa sea el lobo, especie estigmatizada y maldita donde las haya. La desastrosa gestión de que es objeto esta especie en los territorios donde habita es fiel reflejo de ello. Pero no solo ocurre donde hay poblaciones más o menos "estables", sino allí donde paradójicamente más debieran hacerse esfuerzos para evitar su extinción, caso de Andalucía, donde de facto puede casi afirmarse técnicamente que ello ya ha sucedido, a juzgar por los escasos datos registrados de su presencia. Lo irritante es que se pretenda vender lo contrario y que si esto no es así, ni siquiera se halla declarado la especie como "en peligro de extinción".
Pero volviendo a lo expuesto inicialmente, ¿cual es entonces la visión de la sociedad profana en la materia? ¿cual es el rango de importancia que puede tener para ésta la conservación de las especies? y circunscribiéndome al tema que nos ocupa, ¿como se valora por la sociedad la necesidad de proteger una especie tan controvertida como el lobo?. Obviamente el asunto presentará claros matices dependiendo de una amplia escala de valores, cuya gradación será muy diferente en virtud del contexto territorial, socioeconómico y cultural al que pertenezca la persona o grupo social analizado.
Por esta razón, la realidad que debe llegar a la población debe estar argumentada en base a criterios reales. Cualquier noticia en relación a esta especie, debe ser tratada con suma cautela, máxime a sabiendas de la intencionada tergiversación que se hace de ello cuando hay intereses en juego. Sin embargo esa cautela, en la inmensa mayoría de los casos no se manifiesta, más bien sucede lo contrario y por desgracia se hace de manera exacerbada e injusta para tan valiosa especie.
Además, la diferencia de enfoque de esta problemática entre el mundo rural y el urbano crece cada día. Si bien, la menor cercanía a un contexto natural hace que ese enfoque por parte de la población urbana, frecuentemente esté teñido tal vez de un bucolísmo romántico, no es menos cierto que en el caso al menos del contexto andaluz, donde el lobo hace tiempo que dejo de cohabitar con el hombre en la mayor parte del territorio que ocupaba, se reproduzca una visión de conflictividad proyectada desde el pasado. Esta visón trasnochada, hoy día no tiene razón de ser habida cuenta de los conocimientos científicos que demuestran su indispensabe papel ecológico y los medios técnicos disponibles para mitigar cualquier efecto negativo que pueda derivarse de su presencia.
La cerrazón díscola en la que se empeñan colectivos tan contrapuestos como cazadores y ganaderos, no posee ninguna argumentación solida que pueda justificarla, como iremos desgranando en sucesivas entradas donde continuaremos comentado este tema, y donde veremos también, que el supuesto enemigo hacia donde dirigir ese esfuerzo de oposición, dista mucho de ser el lobo.
Me molesta sobremanera que algo tan importante para mi como es la conservación de la biodiversidad sea vista por algunas personas como sujeto a modas, especialmente como fue el caso si además se agrava por dedicarse profesionalmente al medio ambiente. Esta percepción refleja una vez más el tipo de sociedad en el que nos hallamos imbuidos, presa de vaivenes dirigidos por grupos de poder en función de hacia donde se quiera dirigir la atención. Si algo vende o puede resultar rentable que atraiga la atención de la sociedad, se visualiza hasta la saciedad para mantener la atención de ese objeto o fin y una vez cumplido el objetivo para el que fue creado, sacada la rentabilidad perseguida, desaparece.
Esto también ocurre con las especies, sobre todo si resultan "rentables" para vender una imagen, en este caso el de la impoluta gestión y buen hacer de una administración politizada que pretende hacer ver a los ciudadanos que lo que de verdad le interesa es la conservación de la biodiversidad, ocurre sobre todo con especies "estrella"como el lince, el oso, etc., muy mediáticas y por tanto muy valoradas también por la opinión pública, algo que sabe bien la clase política, que abandona a su suerte a las que no lo son o no tanto por la sociedad, generalmente fruto más del desconocimiento que de su indiferencia.
No obstante, la preocupación por la conservación de especies tales si bien puede ser real, lo es sobre todo, si el objeto a proteger, hábitat o especie, no representa un elemento incomodo a defender, siendo la realidad bien distinta, si ello no es así. Quizás el paradigma de esta cuestión quien mejor lo representa sea el lobo, especie estigmatizada y maldita donde las haya. La desastrosa gestión de que es objeto esta especie en los territorios donde habita es fiel reflejo de ello. Pero no solo ocurre donde hay poblaciones más o menos "estables", sino allí donde paradójicamente más debieran hacerse esfuerzos para evitar su extinción, caso de Andalucía, donde de facto puede casi afirmarse técnicamente que ello ya ha sucedido, a juzgar por los escasos datos registrados de su presencia. Lo irritante es que se pretenda vender lo contrario y que si esto no es así, ni siquiera se halla declarado la especie como "en peligro de extinción".
Pero volviendo a lo expuesto inicialmente, ¿cual es entonces la visión de la sociedad profana en la materia? ¿cual es el rango de importancia que puede tener para ésta la conservación de las especies? y circunscribiéndome al tema que nos ocupa, ¿como se valora por la sociedad la necesidad de proteger una especie tan controvertida como el lobo?. Obviamente el asunto presentará claros matices dependiendo de una amplia escala de valores, cuya gradación será muy diferente en virtud del contexto territorial, socioeconómico y cultural al que pertenezca la persona o grupo social analizado.
Por esta razón, la realidad que debe llegar a la población debe estar argumentada en base a criterios reales. Cualquier noticia en relación a esta especie, debe ser tratada con suma cautela, máxime a sabiendas de la intencionada tergiversación que se hace de ello cuando hay intereses en juego. Sin embargo esa cautela, en la inmensa mayoría de los casos no se manifiesta, más bien sucede lo contrario y por desgracia se hace de manera exacerbada e injusta para tan valiosa especie.
Además, la diferencia de enfoque de esta problemática entre el mundo rural y el urbano crece cada día. Si bien, la menor cercanía a un contexto natural hace que ese enfoque por parte de la población urbana, frecuentemente esté teñido tal vez de un bucolísmo romántico, no es menos cierto que en el caso al menos del contexto andaluz, donde el lobo hace tiempo que dejo de cohabitar con el hombre en la mayor parte del territorio que ocupaba, se reproduzca una visión de conflictividad proyectada desde el pasado. Esta visón trasnochada, hoy día no tiene razón de ser habida cuenta de los conocimientos científicos que demuestran su indispensabe papel ecológico y los medios técnicos disponibles para mitigar cualquier efecto negativo que pueda derivarse de su presencia.
La cerrazón díscola en la que se empeñan colectivos tan contrapuestos como cazadores y ganaderos, no posee ninguna argumentación solida que pueda justificarla, como iremos desgranando en sucesivas entradas donde continuaremos comentado este tema, y donde veremos también, que el supuesto enemigo hacia donde dirigir ese esfuerzo de oposición, dista mucho de ser el lobo.
jueves, 14 de mayo de 2015
La Casta y la Caza
Reproduzco íntegramente el texto que a mi entender mejor refleja la relación entre la caza y el poder, lo hallé en un número del año pasado de la revista que edita Ecologistas en Acción, sinceramente creo que poco más y mejor se puede expresar en tan corto espacio. Estando como estamos, inmersos en un año multielectoral, merece la pena que nos paremos a pensar sobre ello, antes de elegir papeleta...
En los últimos años, hemos asistido con indignación a la reforma de la Ley de Parque Nacionales, entre otras cosas, para prolongar el periodo de caza en su interior. Se trata de aplicar a los espacios naturales que sobreviven, los mismos criterios que han arrasado el resto del territorio: la eliminación de cualquier traba social, ecológica o humana a la compulsiva obtención de beneficios y al disfrute privilegiado de quienes poseen fincas dentro de los mismos.
El argumento del gobierno es la necesidad de velar por la "seguridad jurídica" de los grandes propietarios privados. Detrás del genérico "titulares de derecho", se esconden, por ejemplo personas como Alberto Alcocer, Alberto Cortina o el naviero Alejandro Aznar, marido de Mónica Oriol, presidenta del Circulo de Empresarios.
Como bien sabemos por los medios de comunicación, la caza es una actividad bien valorada por la casta en este país a la hora de hacer ostentación de lo conseguido o lo sustraído. Si la leyes les impiden cazar, hacen lo mismo que cuando las leyes les impiden construir promociones inmobiliarias o infraestructuras: utilizan sus contactos y consiguen que las leyes cambien, los suelos se recalifiquen o las sentencias no se ejecuten. Así, se protege a los "titulares de derechos" y se les garantiza la "seguridad jurídica". Es el neocaciquismo del siglo XXI.
Pero quizás se entienda mejor para que sirve un Parque Nacional si sugerimos fijar la atención no en el Parque, sino en lo que hay alrededor de él, fuera de las vallas que lo delimitan. Se entenderá mejor lo que son los parques si se observa el territorio degradado que hay alrededor y que un día fue como lo que hay dentro del parque. Los Parques Nacionales son la memoria de la tierra. Son trozos de vida compleja resistiendo a un modelo cultural y económico que crece como un tumor devorando la tierra viva sin la que paradójicamente no se puede mantener.
Los Parques Nacionales son el testimonio vivo de la incapacidad de las sociedades autodenominadas desarrolladas para convivir y conservar la naturaleza de la que dependen. Recuerdan permanentemente que esta forma de entender la economía y la sociedad es suicida.
Cuando vemos la foto de Blesa, posando virilmente con el rifle en la mano y con la cebra, el ciervo o el hipopótamo a sus pies, cuando pensamos en Granados colocándose por encima las vísceras sangrientas del animal cazado, no podemos dejar de pensar en que esas imágenes son una buena metáfora del dominio de los nuevos caciques.
A sus pies de machos depredadores, no solo están la cebra o el ciervo muerto, están la familia que no puede pagar la factura de la luz, la mujer que no sabe como hacer para cuidar a su padre, trabajar empleada y hacerse cargo de sus nietos, el parado, los migrantes sin papeles, los trabajadores con salarios y aún así pobres, los jóvenes sin futuro que no pueden quedarse en su ciudad...A los pies del cacique cazador están todas esas personas que no son sujetos, ni titular de derecho, que no merecen seguridad jurídica, económica o alimentaria. No merecen ni la tierra que pisan esté viva. A los pies de los señoritos, lo que aparece es el conjunto de la vida abatida, humillada, sometida, muerta.
Delibes narra en los Santos Inocentes la explosión de la dignidad y la rebeldía de Azarías, cuando el señorito abate a su milana bonita, símbolo de la libertad y de la vida no humillada. Ojalá que ver la vida abatida a los pies de esos indignos ejemplares de nuestra especie haga brotar a chorros la dignidad, la rebeldía y la confianza en construir un mundo que no pise efímeramente sobre lo muerto.
Editorial Revista Ecologísta nº 83
En los últimos años, hemos asistido con indignación a la reforma de la Ley de Parque Nacionales, entre otras cosas, para prolongar el periodo de caza en su interior. Se trata de aplicar a los espacios naturales que sobreviven, los mismos criterios que han arrasado el resto del territorio: la eliminación de cualquier traba social, ecológica o humana a la compulsiva obtención de beneficios y al disfrute privilegiado de quienes poseen fincas dentro de los mismos.
El argumento del gobierno es la necesidad de velar por la "seguridad jurídica" de los grandes propietarios privados. Detrás del genérico "titulares de derecho", se esconden, por ejemplo personas como Alberto Alcocer, Alberto Cortina o el naviero Alejandro Aznar, marido de Mónica Oriol, presidenta del Circulo de Empresarios.
Como bien sabemos por los medios de comunicación, la caza es una actividad bien valorada por la casta en este país a la hora de hacer ostentación de lo conseguido o lo sustraído. Si la leyes les impiden cazar, hacen lo mismo que cuando las leyes les impiden construir promociones inmobiliarias o infraestructuras: utilizan sus contactos y consiguen que las leyes cambien, los suelos se recalifiquen o las sentencias no se ejecuten. Así, se protege a los "titulares de derechos" y se les garantiza la "seguridad jurídica". Es el neocaciquismo del siglo XXI.
Pero quizás se entienda mejor para que sirve un Parque Nacional si sugerimos fijar la atención no en el Parque, sino en lo que hay alrededor de él, fuera de las vallas que lo delimitan. Se entenderá mejor lo que son los parques si se observa el territorio degradado que hay alrededor y que un día fue como lo que hay dentro del parque. Los Parques Nacionales son la memoria de la tierra. Son trozos de vida compleja resistiendo a un modelo cultural y económico que crece como un tumor devorando la tierra viva sin la que paradójicamente no se puede mantener.
Los Parques Nacionales son el testimonio vivo de la incapacidad de las sociedades autodenominadas desarrolladas para convivir y conservar la naturaleza de la que dependen. Recuerdan permanentemente que esta forma de entender la economía y la sociedad es suicida.
Cuando vemos la foto de Blesa, posando virilmente con el rifle en la mano y con la cebra, el ciervo o el hipopótamo a sus pies, cuando pensamos en Granados colocándose por encima las vísceras sangrientas del animal cazado, no podemos dejar de pensar en que esas imágenes son una buena metáfora del dominio de los nuevos caciques.
A sus pies de machos depredadores, no solo están la cebra o el ciervo muerto, están la familia que no puede pagar la factura de la luz, la mujer que no sabe como hacer para cuidar a su padre, trabajar empleada y hacerse cargo de sus nietos, el parado, los migrantes sin papeles, los trabajadores con salarios y aún así pobres, los jóvenes sin futuro que no pueden quedarse en su ciudad...A los pies del cacique cazador están todas esas personas que no son sujetos, ni titular de derecho, que no merecen seguridad jurídica, económica o alimentaria. No merecen ni la tierra que pisan esté viva. A los pies de los señoritos, lo que aparece es el conjunto de la vida abatida, humillada, sometida, muerta.
Delibes narra en los Santos Inocentes la explosión de la dignidad y la rebeldía de Azarías, cuando el señorito abate a su milana bonita, símbolo de la libertad y de la vida no humillada. Ojalá que ver la vida abatida a los pies de esos indignos ejemplares de nuestra especie haga brotar a chorros la dignidad, la rebeldía y la confianza en construir un mundo que no pise efímeramente sobre lo muerto.
Editorial Revista Ecologísta nº 83
lunes, 16 de marzo de 2015
El requiem de Alaska
Hace pocos días, los naturalistas sean cuales sean nuestros orígenes y formación recordamos que 35 años atrás, de manera repentina, quedamos huérfanos de la palabra, el gesto y la pasión de ese gran mentor nuestro que fue Félix Rodríguez de la Fuente. El gélido aire de las altas latitudes norteñas nos robó su aliento la mañana de un 14 de marzo, allá por 1980. Fue como el último empujón que un animal salvaje le da a su vástago para que inicie su andadura en el aventurado mundo que le tocará vivir, sin la protección que hasta entonces le ha brindado, sin más calor que el que genere su cuerpo, sin más cobijo en ocasiones que su propia piel, pero también sin límites al horizonte que quiera trazar.
La aparición de Félix en nuestro mapa mental de incipientes naturalistas, aprendices del vivir existente y salvaje, que descubríamos más allá de nuestros cómodos hogares, supuso un aldabonazo en nuestras latentes conciencias. Referente indiscutible para una generación hoy veterana, fue sin lugar a dudas el "padre" emocional de toda una legión de naturalistas, cuya vocación posiblemente no habría encontrado un terreno tan fértil para su desarrollo si él no hubiera existido. La España en la que germinó su inquieta mente, era por aquel entonces un insensible erial para todo lo que supusiera un freno al sacrosanto desarrollo económico, poner en valor todo aquello que precisamente se deseaba dejara atrás por no decir erradicar como símbolo de retraso socioeconómico, podía tildarse como poco de majadería.
Sin embargo, frente a todo pronóstico para una persona de bien, como se solía calificar a aquellos que habían tenido la suerte de nacer en cómoda cuna, Félix se lanzo a su personal cruzada naturalista para demostrar que precisamente en conservar aquello en lo que se ponía tanto empeño en destruir, radicaba el futuro de la sociedad, sea a la escala que fuere esta situación. Y el tiempo le ha dado la razón.
Para una persona nacida en la profunda y oscura Castilla de entonces, el reto que se le planteaba suponía una proeza de dimensiones casi imposibles. A ello se lanzó, sabiendo que de jugar bien sus cartas y de sus arrojo personal iba a depender su éxito. El resto de la historia, sus logros y hazañas hasta conseguir alcanzar lo que siempre deseo, para algunos roza casi la leyenda, para otros, como suele ocurrir en este país tan amigo del desprestigio de lo brillante, tan solo es el fruto del oportunismo de un momento que supo aprovechar. Curioso esto último, pues muchos de aquellos que así lo han calificado incluso hasta hoy día, no han sido capaces de emularle en la mayoría de sus logros, a pesar de contar con mejores medios y a pesar de que paradójicamente, su desaparición les dejo allanado el camino.
Más allá del mito o la leyenda, me quedo con lo que supo transmitir a todos lo que hoy día nos consideramos herederos de ese espíritu integrador y holístico, la fuerza y lealtad que siempre demostró a la hora de proteger lo que más amó, la naturaleza, que no es otra cosa que nosotros mismos. Los miles de personas que siguen luchando cada día por conservarla son testigos de ello.
Buen trabajo, querido amigo. Descansa en paz.
La aparición de Félix en nuestro mapa mental de incipientes naturalistas, aprendices del vivir existente y salvaje, que descubríamos más allá de nuestros cómodos hogares, supuso un aldabonazo en nuestras latentes conciencias. Referente indiscutible para una generación hoy veterana, fue sin lugar a dudas el "padre" emocional de toda una legión de naturalistas, cuya vocación posiblemente no habría encontrado un terreno tan fértil para su desarrollo si él no hubiera existido. La España en la que germinó su inquieta mente, era por aquel entonces un insensible erial para todo lo que supusiera un freno al sacrosanto desarrollo económico, poner en valor todo aquello que precisamente se deseaba dejara atrás por no decir erradicar como símbolo de retraso socioeconómico, podía tildarse como poco de majadería.
Sin embargo, frente a todo pronóstico para una persona de bien, como se solía calificar a aquellos que habían tenido la suerte de nacer en cómoda cuna, Félix se lanzo a su personal cruzada naturalista para demostrar que precisamente en conservar aquello en lo que se ponía tanto empeño en destruir, radicaba el futuro de la sociedad, sea a la escala que fuere esta situación. Y el tiempo le ha dado la razón.
Para una persona nacida en la profunda y oscura Castilla de entonces, el reto que se le planteaba suponía una proeza de dimensiones casi imposibles. A ello se lanzó, sabiendo que de jugar bien sus cartas y de sus arrojo personal iba a depender su éxito. El resto de la historia, sus logros y hazañas hasta conseguir alcanzar lo que siempre deseo, para algunos roza casi la leyenda, para otros, como suele ocurrir en este país tan amigo del desprestigio de lo brillante, tan solo es el fruto del oportunismo de un momento que supo aprovechar. Curioso esto último, pues muchos de aquellos que así lo han calificado incluso hasta hoy día, no han sido capaces de emularle en la mayoría de sus logros, a pesar de contar con mejores medios y a pesar de que paradójicamente, su desaparición les dejo allanado el camino.
Más allá del mito o la leyenda, me quedo con lo que supo transmitir a todos lo que hoy día nos consideramos herederos de ese espíritu integrador y holístico, la fuerza y lealtad que siempre demostró a la hora de proteger lo que más amó, la naturaleza, que no es otra cosa que nosotros mismos. Los miles de personas que siguen luchando cada día por conservarla son testigos de ello.
Buen trabajo, querido amigo. Descansa en paz.
martes, 20 de enero de 2015
Naturaleza racional
Desde hace algún tiempo, el medio natural se está convirtiendo en el soporte físico de una gran variedad de actividades al aíre libre qué, si son respetuosas con él no tengo nada que objetar. El problema viene como ya está ocurriendo con cada vez mayor frecuencia, en el reclamo que supone para estas actividades el que se desarrollen en parajes de gran belleza. Lógicamente pocos son los que pueden resistirse a ese disfrute, sea como participantes o como meros espectadores, la naturaleza gusta a la gran mayoría de la gente. Pero, ¿que ocurre cuando sumamos el impacto de la actividad per se, a la masificación que a ésta suele acompañar, ubicada en un espacio frágil?. La respuesta no es difícil de imaginar desde luego en la mayoría de los casos.
La popularidad de estas actividades no puede imponerse a la conservación, por varias motivos sería una sin razón que esto sucediera. La principal es que si ello supone, como así sucede, un perjuicio para las especies o el hábitat en sí, el fin básico para el que se crearon estos espacios protegidos estaría mas que en entredicho. Y esto es lo que está empezando a suceder. Preservar estos espacios debe ser prioritario tanto por el coste que supone para el erario público su mantenimiento, como por el enorme beneficio que aporta a la sociedad en su conjunto, ya que son proveedores de bienes y servicios vitales para nuestra calidad de vida como el agua o el aíre limpio, entre otros muchos, por no decir el del necesario sosiego mental que todos necesitamos.
Ademas, permitir que esto siga sucediendo tiene el riesgo del efecto llamada que lleva aparejado, algo que está ya sucediendo. Hay multitud de ejemplos de todo ello por toda la geografía peninsular, pero me voy a referir a un par de ejemplos suficientemente ilustrativos. Desde hace varios años, en pleno Parque Natural de Somiedo (Asturias), enclave del amenazado oso pardo entre otras especies sensibles, se celebra una carrera de montaña que congrega a miles de asistentes. Es indudable que el impacto que supone para el entorno y las especies que en él habitan es más que alto, no hay si no imaginar a esas miles de personas accediendo por pistas y caminos en vehículos, con su cohorte de ruido y residuos, que aún presuponiendo el mayor esfuerzo que la organización y cada asistente hiciera en su reducción, por fuerza es contundente. A esto se añade la vulnerabilidad a la erosión de estos enclaves y la época, previa y vital para afrontar la hibernación del oso,
Es un ejemplo entre muchos, en algunos casos además, con nocturnidad...
, y probablemente no uno de los de mayor impacto, sobre todo si lo comparamos con el que se va a producir si no se consigue evitar, el último fin de semana de este mes en el santuario del lince ibérico, en pleno corazón del Parque Natural Sierra de Andújar. ¿Alguien puede imaginar el estruendo de cientos, tal vez miles de motocicletas, como esperan sus organizadores, en un lugar tan sensible para una especie al borde de la extinción? ¿alguien puede entender que esto suceda y afecte a una especie a la que la Unión Europea destina millones de euros para su conservación a través de sendos programas Life? ¿sería concebible en un país calificable en el amplio sentido, como desarrollado?. Me costaría creer que tamaño despropósito, pudiera entenderse y menos tolerarse en otra sociedad más evolucionada socialmente. Pero mucho me temo que se celebrará el evento, a menos que la cordura impere frente a la estulticia.
La carretera de acceso al Santuario tiene una limitación de velocidad a 40 km/h para evitar atropellos de linces, algo que pocos vehículos respetan como se aprecia cuando se transita por ella, Sería más que ingenuo pensar que los conductores de estas motocicletas vayan a hacerlo, de eso no me cabe la menor duda. Menos mal que el ensordecedor estrépito de tantos motores al unísono aterrorizará tanto a la fauna que difícilmente esto podría ocurrir, aunque no es imposible, pues en fechas de la romería ya se han producido atropellos de lince.
A pesar de todo, quizás lo que peor pueda suponer, es el mal ejemplo que representa para una sociedad hacia la que se hacen continuos esfuerzos para sensibilizarla en materia de medio ambiente, por parte de ONG y Administración, a través de programas y subvenciones. Las Administraciones deben dejar de emitir ese mensaje contradictorio, alejarse de la cobardía política que le impone tomar medidas que a priori puedan resultar impopulares, pero que van encaminadas al bien común y al buen vivir de la mayoría social. De lo contrario, como así está sucediendo con actuaciones permisivas de este tipo, son cómplices de los resultados producidos. La democracia traducida en una buena gobernanza, no puede ser entendida a través del miedo que representa la perdida de un puñado de votos.
Hay que reflexionar seria y profundamente sobre cual es el mensaje que se le está trasladando a la ciudadanía. Si queremos convertir estos escasos y valiosos enclaves en un parque temático, degradándolos con continuas actividades que impacten el medio natural, donde los "derechos" de unos poco se impongan a los de una mayoría (y ya hablaremos de la caza en otra entrada), adelante. Pero si lo que queremos es una sociedad más ética y educada en valores como el respeto por el entorno natural y los seres vivos que de ello dependen para sobrevivir, informada de la importancia que para nuestro bienestar supone el mantenimiento de los servicios ambientales que nos ofrece su correcta conservación, si continuamos así, si seguimos permitiendo estas actividades en lugares sensibles, elegiremos el camino equivocado.
Quede bien claro que no me estoy oponiendo a la práctica de estas actividades, simplemente existen multitud de espacios con menor valor ambiental, donde podrían celebrarse igualmente sin causar ese impacto. Si los comparamos con la totalidad del territorio que nuestra sociedad ha transformado o destruido, donde pocas especies salvajes pueden subsistir, hemos relegado la naturaleza salvaje a unos cuantos pequeños enclaves. Seamos racionales, deberíamos permitir que esos reductos naturales como mínimo sigan siendo esas "islas" donde refugiarnos al igual que sus moradores salvajes, de la voracidad ruidosa de nuestro modelo urbano, de esa vorágine diaria de la que necesitamos escapar en busca del sosiego que nos permita encontrar respuestas. Seamos racionales, en el fondo todos lo necesitamos, a todos nos gustaría que así fuera.
La popularidad de estas actividades no puede imponerse a la conservación, por varias motivos sería una sin razón que esto sucediera. La principal es que si ello supone, como así sucede, un perjuicio para las especies o el hábitat en sí, el fin básico para el que se crearon estos espacios protegidos estaría mas que en entredicho. Y esto es lo que está empezando a suceder. Preservar estos espacios debe ser prioritario tanto por el coste que supone para el erario público su mantenimiento, como por el enorme beneficio que aporta a la sociedad en su conjunto, ya que son proveedores de bienes y servicios vitales para nuestra calidad de vida como el agua o el aíre limpio, entre otros muchos, por no decir el del necesario sosiego mental que todos necesitamos.
Ademas, permitir que esto siga sucediendo tiene el riesgo del efecto llamada que lleva aparejado, algo que está ya sucediendo. Hay multitud de ejemplos de todo ello por toda la geografía peninsular, pero me voy a referir a un par de ejemplos suficientemente ilustrativos. Desde hace varios años, en pleno Parque Natural de Somiedo (Asturias), enclave del amenazado oso pardo entre otras especies sensibles, se celebra una carrera de montaña que congrega a miles de asistentes. Es indudable que el impacto que supone para el entorno y las especies que en él habitan es más que alto, no hay si no imaginar a esas miles de personas accediendo por pistas y caminos en vehículos, con su cohorte de ruido y residuos, que aún presuponiendo el mayor esfuerzo que la organización y cada asistente hiciera en su reducción, por fuerza es contundente. A esto se añade la vulnerabilidad a la erosión de estos enclaves y la época, previa y vital para afrontar la hibernación del oso,
Es un ejemplo entre muchos, en algunos casos además, con nocturnidad...
, y probablemente no uno de los de mayor impacto, sobre todo si lo comparamos con el que se va a producir si no se consigue evitar, el último fin de semana de este mes en el santuario del lince ibérico, en pleno corazón del Parque Natural Sierra de Andújar. ¿Alguien puede imaginar el estruendo de cientos, tal vez miles de motocicletas, como esperan sus organizadores, en un lugar tan sensible para una especie al borde de la extinción? ¿alguien puede entender que esto suceda y afecte a una especie a la que la Unión Europea destina millones de euros para su conservación a través de sendos programas Life? ¿sería concebible en un país calificable en el amplio sentido, como desarrollado?. Me costaría creer que tamaño despropósito, pudiera entenderse y menos tolerarse en otra sociedad más evolucionada socialmente. Pero mucho me temo que se celebrará el evento, a menos que la cordura impere frente a la estulticia.
La carretera de acceso al Santuario tiene una limitación de velocidad a 40 km/h para evitar atropellos de linces, algo que pocos vehículos respetan como se aprecia cuando se transita por ella, Sería más que ingenuo pensar que los conductores de estas motocicletas vayan a hacerlo, de eso no me cabe la menor duda. Menos mal que el ensordecedor estrépito de tantos motores al unísono aterrorizará tanto a la fauna que difícilmente esto podría ocurrir, aunque no es imposible, pues en fechas de la romería ya se han producido atropellos de lince.
A pesar de todo, quizás lo que peor pueda suponer, es el mal ejemplo que representa para una sociedad hacia la que se hacen continuos esfuerzos para sensibilizarla en materia de medio ambiente, por parte de ONG y Administración, a través de programas y subvenciones. Las Administraciones deben dejar de emitir ese mensaje contradictorio, alejarse de la cobardía política que le impone tomar medidas que a priori puedan resultar impopulares, pero que van encaminadas al bien común y al buen vivir de la mayoría social. De lo contrario, como así está sucediendo con actuaciones permisivas de este tipo, son cómplices de los resultados producidos. La democracia traducida en una buena gobernanza, no puede ser entendida a través del miedo que representa la perdida de un puñado de votos.
Hay que reflexionar seria y profundamente sobre cual es el mensaje que se le está trasladando a la ciudadanía. Si queremos convertir estos escasos y valiosos enclaves en un parque temático, degradándolos con continuas actividades que impacten el medio natural, donde los "derechos" de unos poco se impongan a los de una mayoría (y ya hablaremos de la caza en otra entrada), adelante. Pero si lo que queremos es una sociedad más ética y educada en valores como el respeto por el entorno natural y los seres vivos que de ello dependen para sobrevivir, informada de la importancia que para nuestro bienestar supone el mantenimiento de los servicios ambientales que nos ofrece su correcta conservación, si continuamos así, si seguimos permitiendo estas actividades en lugares sensibles, elegiremos el camino equivocado.
Quede bien claro que no me estoy oponiendo a la práctica de estas actividades, simplemente existen multitud de espacios con menor valor ambiental, donde podrían celebrarse igualmente sin causar ese impacto. Si los comparamos con la totalidad del territorio que nuestra sociedad ha transformado o destruido, donde pocas especies salvajes pueden subsistir, hemos relegado la naturaleza salvaje a unos cuantos pequeños enclaves. Seamos racionales, deberíamos permitir que esos reductos naturales como mínimo sigan siendo esas "islas" donde refugiarnos al igual que sus moradores salvajes, de la voracidad ruidosa de nuestro modelo urbano, de esa vorágine diaria de la que necesitamos escapar en busca del sosiego que nos permita encontrar respuestas. Seamos racionales, en el fondo todos lo necesitamos, a todos nos gustaría que así fuera.
lunes, 29 de diciembre de 2014
Seguiremos creyendo
Una vez más, otro más, llega el final de eso que nos han dado en definir como un año. Ese periodo de tiempo en el que nos empeñamos que encajen todos los deseos e ilusiones que, vuelto a empezar en poco, renovaremos como un encantamiento, esperando que ésta vez sí, se cumpla todo aquello anhelado, todo aquello que el que nos deja, se negó a entregarnos.
Pero el año tiene ya prisa. Ahora, decrepito y sin espacio para poco más que un suspiro, quiere entregar el relevo al 2015, gestado en nuestros sueños de esperanza. Nosotros queremos creer que esta vez sí se cumplirán, y nos lo diremos callados hacia dentro. Yo quiero, pero...¿ por donde empiezo?, ésta es mi sencilla carta:
Quiero creer que este 2015, no nos volverán a encoger el corazón a todos los que amamos la Naturaleza con más matanzas de lobos (ellos o nosotros, gritan algunos) y por fin es declarada especie protegida en todo el territorio nacional como ya lo es en la hermana Portugal.
Quiero creer que cesaran atropellos, envenenamientos, cepos, y que más..., que suceden ante la desidia de quienes dicen velar por la conservación de especies tan amenazadas como "nuestro" lince ibérico, lanzando pelotas a tejados ajenos para eludir su patente responsabilidad, a pesar de ser sufragada con dinero público.
Quiero creer que por fin la sociedad materialista, ésta a la que todos contribuimos a mantener, ha oído el grito que nuestra común madre ha lanzado, advirtiéndonos que se está cansando de ser amable, que a su acogedor clima, el que nos da la vida, se le está acabando el aliento.
Quiero creer que seremos benévolos con aquellos pueblos indígenas que aún saborean la verdadera libertad, esos que escondidos de nuestra voracidad acumuladora de bienes materiales, nos dan lecciones de ser, frente a la tristeza de sólo tener. Esos pueblos que de felices, aún creemos salvajes y que no nos atreveríamos a mirar a los ojos, para no descubrir la necedad tan obvia en la que subsistimos. Esos a los que nadie puede enseñar lo que ya saben, conservar, proteger, cuidar.
Quiero creer que algún día mis ojos dejarán de estar heridos por las cicatrices que mutilan los paisajes, causados por infraestructuras desmesuradas, interesadas, que enjaulan la vida salvaje, profanan montañas, sepultan bosques...
Quiero creer que habrá otros que puedan tener la suerte, que he tenido viajando por este precioso y preciado planeta, porque aún existan, de respirar lugares lejanos, agrestes, inhóspitos, verdaderos.
Quiero creer que no cambiaremos más petroleo por sangre, ni la de nuestra especie ni la de ninguna, que quedarán como restos de la pesadilla, lo que hoy nos tiñen de oportunidades, como el fracking o las explotaciones costeras, que sus intereses privados no podrán con los públicos de las renovables, con el aire limpio, con la vida libre, con la clara agua.
Quiero creer que a pesar del miedo mamado templadamente, seremos capaces de ser valientes y levantarnos para luchar por el derecho a la vida con mayúsculas, la nuestra y la de todos los seres que aún comparten este maravilloso planeta.
Quiero creer que para todo eso, se unirán más y más gente cada día, que no nos faltarán las fuerzas, que seguiremos adelante eludiendo el desaliento otro año más.
Quiero creer que no volverán a dormirnos, no porque carezcamos de sueño..., ¡sino porque estaremos atentos!
Feliz 2015.
Pero el año tiene ya prisa. Ahora, decrepito y sin espacio para poco más que un suspiro, quiere entregar el relevo al 2015, gestado en nuestros sueños de esperanza. Nosotros queremos creer que esta vez sí se cumplirán, y nos lo diremos callados hacia dentro. Yo quiero, pero...¿ por donde empiezo?, ésta es mi sencilla carta:
Quiero creer que este 2015, no nos volverán a encoger el corazón a todos los que amamos la Naturaleza con más matanzas de lobos (ellos o nosotros, gritan algunos) y por fin es declarada especie protegida en todo el territorio nacional como ya lo es en la hermana Portugal.
Quiero creer que cesaran atropellos, envenenamientos, cepos, y que más..., que suceden ante la desidia de quienes dicen velar por la conservación de especies tan amenazadas como "nuestro" lince ibérico, lanzando pelotas a tejados ajenos para eludir su patente responsabilidad, a pesar de ser sufragada con dinero público.
Quiero creer que por fin la sociedad materialista, ésta a la que todos contribuimos a mantener, ha oído el grito que nuestra común madre ha lanzado, advirtiéndonos que se está cansando de ser amable, que a su acogedor clima, el que nos da la vida, se le está acabando el aliento.
Quiero creer que seremos benévolos con aquellos pueblos indígenas que aún saborean la verdadera libertad, esos que escondidos de nuestra voracidad acumuladora de bienes materiales, nos dan lecciones de ser, frente a la tristeza de sólo tener. Esos pueblos que de felices, aún creemos salvajes y que no nos atreveríamos a mirar a los ojos, para no descubrir la necedad tan obvia en la que subsistimos. Esos a los que nadie puede enseñar lo que ya saben, conservar, proteger, cuidar.
Quiero creer que algún día mis ojos dejarán de estar heridos por las cicatrices que mutilan los paisajes, causados por infraestructuras desmesuradas, interesadas, que enjaulan la vida salvaje, profanan montañas, sepultan bosques...
Quiero creer que habrá otros que puedan tener la suerte, que he tenido viajando por este precioso y preciado planeta, porque aún existan, de respirar lugares lejanos, agrestes, inhóspitos, verdaderos.
Quiero creer que no cambiaremos más petroleo por sangre, ni la de nuestra especie ni la de ninguna, que quedarán como restos de la pesadilla, lo que hoy nos tiñen de oportunidades, como el fracking o las explotaciones costeras, que sus intereses privados no podrán con los públicos de las renovables, con el aire limpio, con la vida libre, con la clara agua.
Quiero creer que a pesar del miedo mamado templadamente, seremos capaces de ser valientes y levantarnos para luchar por el derecho a la vida con mayúsculas, la nuestra y la de todos los seres que aún comparten este maravilloso planeta.
Quiero creer que para todo eso, se unirán más y más gente cada día, que no nos faltarán las fuerzas, que seguiremos adelante eludiendo el desaliento otro año más.
Quiero creer que no volverán a dormirnos, no porque carezcamos de sueño..., ¡sino porque estaremos atentos!
Feliz 2015.
lunes, 14 de julio de 2014
Se nos apaga el campo...
Viene pasando, silenciosamente el campo se va yendo, esta ahí pero su alegría, se apaga. Recuerdo cuando era niño, o quizás no hace tanto, tal vez hace menos de 20 años, no sé el tiempo pasa tan rápido... salia al campo, no hacia falta que fuera lejos, y no estabas solo, miles de seres te hacían compañía con un sinfín de sonidos en un acorde armónico.El invierno se hacía el sordo y casi siempre era el ulular del viento, que acuchillaba el frío entre las ramas de los árboles o sobre la tierra calma, el único compañero en los cortos días para caminar. Pero esperabas porque sabías que, en primavera la danza del viento te embelesaría con miles de trinos emanados de un ejercito de minúsculas gargantas que hacían deleitar a las almas más nobles o serenar inquietudes calladas.
A veces, en el crepitar seco del verano sureño, el dominio del aire pertenecía al chirrido de grillos, saltamontes, cigarras, etc, mezclado con la monocorde llamada del triguero o la abubilla, mientras con un silbido fugaz pasaban la golondrinas. Cuando para saciar la sed te acercabas a un manantial o fuente que la sabiduría milenaria de la gente de campo descubría y sabía mantener, el espejo del agua se rompía con los saltos de las ranas o la repentina inmersión de algún tritón. Luego llegaba el otoño, que generoso abre su vientre para entregar el sueño esperado del agua, nuestra segunda primavera, regalo esperado para los que tenemos la suerte de vivir en estas latitudes. Un regalo quizás como pago por el voraz estiaje, implacable justiciero, hermanastro de gélido aliento que sufren en lejanos nortes. Y vuelta a empezar...
Pero desde hace algún tiempo, algo esta pasando. Cualquiera que recorra su antaño "área de campeo" como acabo de describir, sabe que ahora está más solo. Una soledad que muestra el vaciado de biodiversidad que se está produciendo silenciosamente, que estamos produciendo. Para algunos, desconectados vía auriculares, "pantalladictos" que sólo usan el medio natural como soporte físico de sus actividades de ocio, todo ello pasa desapercibido. Para otros, los que cada semana nos sumergimos en la naturaleza, a los que nos faltan ojos y tiempo para seguir desentrañando sus misterios empapándonos del entorno, es una evidencia. Y no hay que ir muy lejos para ser testigo.
Volviendo a lo comentado en las primeras líneas, recuerdo las hileras de golondrinas o aviones, posados en los cables de teléfono o de electricidad que surcaban las calles, sus apegotonados nidos bajo las cornisas de casas y otros edificios de nuestros pueblos. Esta sencilla imagen es cada día más escasa, salvo contadas excepciones. Las golondrinas se nos van yendo, y no precisamente a sus cuarteles de invernada, simplemente están desapareciendo ante nuestros ojos. En ocasiones, simplemente nos molestan sus nidos, así que los eliminamos de las fachadas, en aras de una estéril "estética". Los datos indican un descenso entre 1990 y 2011 del 35% en toda Europa, ahí es nada.
Lo mismo está sucediendo con otras entrañables aves, como esos simpáticos vigías campestres que son los mochuelos, un 40% menos según estimaciones.

Incluso los sempiternos gorriones, tan ligados a la presencia humana desde tiempo inabarcable, compañeros de viaje durante muchas generaciones tanto en el medio rural como en las áreas periurbanas de las ciudades. Hay ciudades europeas donde ya no se les ve, quizá vayamos camino de ello aquí también.
Otro tanto puede observarse con otros grupos faunisticos como reptiles o anfibios. Recuerdo que hasta no hace demasiado tiempo, cualquier solar o muro era territorio compartido por una multitud de lagartijas. Sus fugaces correrías eran fuente de divertimento para la incansable curiosidad infantil, antes claro está, de que esta inquietud fuera sustituida y redirigida intencionadamente hacia artefactos tecnológicos más "útiles" y prácticos para su futuro "adiestramiento". Ahora resulta hasta difícil verlas, incluso en los campos más apartados del contacto humano directo. Si nos acercamos a aljibes, fuentes o albercas, que con sus vitales funciones son base de huertos y afines, pocas ya cuentan con la simpática presencia de esos minúsculos dragones acuáticos que son los tritones. He comprobado como durante años han ido declinando sus poblaciones en territorios donde eran abundantes, incluso hasta llegar a su total desaparición. Tampoco ha de "temer" casi nadie, el cruce casual de una culebra cuando se transita por los caminos.
Detrás de todo como siempre, esta el cambio climático, la destrucción o alteración de sus hábitats o la transformación del medio rural hacia modelos cada vez más productivistas e intensivos, donde sencillamente no hay sitio para ellos ni para el mundo rural que les cobijó. Simplemente, ya no les dejamos vivir a nuestro lado. Esto nos debería llevar a reflexionar que su pérdida no solo refleja también la de un valioso patrimonio natural y por añadidura cultural, además nos muestra como un espejo, la falta de compasión que los seres humanos estamos demostrando incluso con aquellos otros seres, cuya humilde presencia nos han beneficiado de una forma u otra a lo largo de la historia.
A veces, en el crepitar seco del verano sureño, el dominio del aire pertenecía al chirrido de grillos, saltamontes, cigarras, etc, mezclado con la monocorde llamada del triguero o la abubilla, mientras con un silbido fugaz pasaban la golondrinas. Cuando para saciar la sed te acercabas a un manantial o fuente que la sabiduría milenaria de la gente de campo descubría y sabía mantener, el espejo del agua se rompía con los saltos de las ranas o la repentina inmersión de algún tritón. Luego llegaba el otoño, que generoso abre su vientre para entregar el sueño esperado del agua, nuestra segunda primavera, regalo esperado para los que tenemos la suerte de vivir en estas latitudes. Un regalo quizás como pago por el voraz estiaje, implacable justiciero, hermanastro de gélido aliento que sufren en lejanos nortes. Y vuelta a empezar...
Pero desde hace algún tiempo, algo esta pasando. Cualquiera que recorra su antaño "área de campeo" como acabo de describir, sabe que ahora está más solo. Una soledad que muestra el vaciado de biodiversidad que se está produciendo silenciosamente, que estamos produciendo. Para algunos, desconectados vía auriculares, "pantalladictos" que sólo usan el medio natural como soporte físico de sus actividades de ocio, todo ello pasa desapercibido. Para otros, los que cada semana nos sumergimos en la naturaleza, a los que nos faltan ojos y tiempo para seguir desentrañando sus misterios empapándonos del entorno, es una evidencia. Y no hay que ir muy lejos para ser testigo.
Volviendo a lo comentado en las primeras líneas, recuerdo las hileras de golondrinas o aviones, posados en los cables de teléfono o de electricidad que surcaban las calles, sus apegotonados nidos bajo las cornisas de casas y otros edificios de nuestros pueblos. Esta sencilla imagen es cada día más escasa, salvo contadas excepciones. Las golondrinas se nos van yendo, y no precisamente a sus cuarteles de invernada, simplemente están desapareciendo ante nuestros ojos. En ocasiones, simplemente nos molestan sus nidos, así que los eliminamos de las fachadas, en aras de una estéril "estética". Los datos indican un descenso entre 1990 y 2011 del 35% en toda Europa, ahí es nada.
Lo mismo está sucediendo con otras entrañables aves, como esos simpáticos vigías campestres que son los mochuelos, un 40% menos según estimaciones.

Incluso los sempiternos gorriones, tan ligados a la presencia humana desde tiempo inabarcable, compañeros de viaje durante muchas generaciones tanto en el medio rural como en las áreas periurbanas de las ciudades. Hay ciudades europeas donde ya no se les ve, quizá vayamos camino de ello aquí también.Otro tanto puede observarse con otros grupos faunisticos como reptiles o anfibios. Recuerdo que hasta no hace demasiado tiempo, cualquier solar o muro era territorio compartido por una multitud de lagartijas. Sus fugaces correrías eran fuente de divertimento para la incansable curiosidad infantil, antes claro está, de que esta inquietud fuera sustituida y redirigida intencionadamente hacia artefactos tecnológicos más "útiles" y prácticos para su futuro "adiestramiento". Ahora resulta hasta difícil verlas, incluso en los campos más apartados del contacto humano directo. Si nos acercamos a aljibes, fuentes o albercas, que con sus vitales funciones son base de huertos y afines, pocas ya cuentan con la simpática presencia de esos minúsculos dragones acuáticos que son los tritones. He comprobado como durante años han ido declinando sus poblaciones en territorios donde eran abundantes, incluso hasta llegar a su total desaparición. Tampoco ha de "temer" casi nadie, el cruce casual de una culebra cuando se transita por los caminos.
Detrás de todo como siempre, esta el cambio climático, la destrucción o alteración de sus hábitats o la transformación del medio rural hacia modelos cada vez más productivistas e intensivos, donde sencillamente no hay sitio para ellos ni para el mundo rural que les cobijó. Simplemente, ya no les dejamos vivir a nuestro lado. Esto nos debería llevar a reflexionar que su pérdida no solo refleja también la de un valioso patrimonio natural y por añadidura cultural, además nos muestra como un espejo, la falta de compasión que los seres humanos estamos demostrando incluso con aquellos otros seres, cuya humilde presencia nos han beneficiado de una forma u otra a lo largo de la historia.
sábado, 18 de enero de 2014
La importancia de ir de (eco)etiquetas
Los seres humanos tenemos la necesidad de etiquetar todo lo que nos rodea para poder encajarlo dentro de nuestro universo personal. Conocer el orden de referencia que tiene cada cosa nos es fundamental para saber de donde procede y que relación puede guardar con nosotros o viceversa. Nos gusta identificarnos con marcas y logos que representan ideas, estéticas o simplemente modas. En definitiva, etiquetas al fin y al cabo. Por esta razón, me resulta cuando menos curioso que para los que albergamos el sentido de algo que identifique nuestra actitud positiva ante la vida o la naturaleza, que es lo mismo, sea tan desconocido para la mayoría de nosotros. Con frecuencia nos sorprendamos cuando descubrimos que el solo gesto de identificar a través de una etiqueta el producto que tenemos delante puede marcar y mucho, la diferencia en nuestro impacto en el medio natural. Me estoy refiriendo a la etiqueta de ecológico o sostenible.
Hace ya bastantes años, cuando tuve que comprar algunos muebles para casa, comprobé cuan difícil es encontrar éstos si buscas que la madera con la que están fabricados se halle certificada en origen con alguno de las etiquetas que lo refrendan en el mercado. Tuve que recorrer muchas tiendas para encontrar tan solo una de casi medio centenar en más de una ciudad, donde sí habían oído hablar de este tema. No obstante, su propietaria me confeso que era la primera vez que alguien le había pedido algo similar. Así pues, y con no poca sorpresa ante mi petición, accedió a buscarme alguna referencia en catálogos internacionales. He de reconocer que los precios casi me disuaden de ello, pero afortunadamente, el criterio ético prevaleció frente al económico a pesar de que por aquel entonces no era muy bollante, y hoy miro con satisfacción mi pequeña contribución a la sostenibilidad del planeta, sobre la cual escribo ahora estas líneas.
Desde entonces, hace ya casi diez años, he comprobado con satisfacción como tímidamente la percepción de los fundamentos sostenibles para producir bienes o alimentos ha crecido, si bien continua siendo privativa esta percepción de unos pocos, algunos más que entonces, que nos preguntamos como contribuir a través de nuestro consumo a la mejora de la calidad ambiental. Si bien es cierto que corren tiempos para mirar no con lupa sino hasta con miscroscópio los gastos para la gran mayoría, no lo es menos que a veces preferimos gastar lo que nos ahorramos en esa diferencia en otros artículos, que generalmente no necesitamos de verdad, y de eso se encarga la publicidad.
Entre estas "etiquetas" hay algunos ejemplos bien conocidos ya de todo ello, entre los que quizás sean los certificados FSC y MSC por un lado y UTZ por otro, los que más me gustarían comentar por su más directa incidencia sobre los entornos donde se hallan sus actividades.
El FSC identifica al Consejo de Administración Forestal (Forest Stewardship Council) que es una ONG de acreditación y certificación fundada en 1993 por varias organizaciones, entes gubernamentales, comerciales y ambientales tales como el Fondo Mundial para la Conservación de la Naturaleza, más conocido por sus siglas internacionales, WWF.
El FSC identifica al Consejo de Administración Forestal (Forest Stewardship Council) que es una ONG de acreditación y certificación fundada en 1993 por varias organizaciones, entes gubernamentales, comerciales y ambientales tales como el Fondo Mundial para la Conservación de la Naturaleza, más conocido por sus siglas internacionales, WWF. La finalidad de esta etiqueta es asegurar que los productos provenientes de los bosques han tenido una adecuada gestión forestal, a las que le imprimen el logo de certificación una vez inspeccionados todos los elementos que han formado parte de su proceso de producción, es decir, una vez realizado el seguimiento a los productos, desde el bosque a su puesta en venta. Cualquier producto hecho con maderas procedentes de estos bosques debe haber pasado estos controles para poder lucir la etiqueta. Por utilizar el ejemplo que comentaba anteriormente, desde el bosque hasta el mueble todo debe tener la misma garantía.
La otra etiqueta que comentaba es muy similar, aunque el destino final sea tan diferente como la alimentación (salvo que se sea una termita claro está). Se trata de la certificación MSC (Marine Stewardship Council), que certifica que el producto que compramos proviene de pesquerías sostenibles. Fundada seis años después, también con la implicación directa de WWF con el objetivo de encontrar una solución al problema de la sobreexplotación de los recursos pesqueros. Actualmente está compuesta por diversas organizaciones en todo el mundo, tanto sin ánimo de lucro como privadas que tiene ese como su principal objetivo. La certificación sigue los consejos de la FAO, que requiere que las evaluaciones sean llevadas a cabo por certificadores independientes y por terceras partes. Se trata de un programa al que se adhieren voluntariamente las empresas de productos pesqueros, en el que se busca la sostenibilidad de las pesquerías, para obtener esta certificación a través de los estándares que propugna MSC. Se cumplen así los requerimientos más elevados a nivel mundial en cuanto a certificación y ecoetiquetado.
A modo de reflexión en este apartado quiero hacer las observaciones siguientes: somos el quinto país del mundo en consumo de pescado, según la FAO más del 32% de las poblaciones especies marinas están sobreexplotadas (no hablemos de nuestro querido Mare Nostrum) y que el pescado representa entorno al 15% de las proteínas animales para más del 4.300 millones de seres humanos. Aunque me gustaría, no voy a comentar sin embargo el impacto que las políticas pesqueras de los países "desarrollados" tienen sobre las economías locales de los que han empobrecidos durante décadas. Ese sera tema para otra entrada.
Como no hay dos sin tres, y no pensaba sino mostrar algunos ejemplos de estas buenas prácticas de producción para nosotros los consumidores, he dejado para el final el certificado UTZ, que se organiza a través de un programa de sostenibilidad para el cacao, el café y el te. Mediante la garantía que representa esta etiqueta, los agricultores pueden mejorar su productividad con calidad y eficiencia, cuidando a las personas y el medio ambiente. Esto les permite producir volúmenes mayores a un precio menor, lo cual incrementa la calidad de vida de las comunidades agrícolas y contribuye a preservar sus recursos naturales.

El sistema para obtener la certificación es muy similar a los dos anteriores, realizándose seguimientos de toda la cadena de producción basado en la aplicación de su Código de Conducta, conjunto de criterios reconocidos a nivel internacional para producir de manera responsable estos productos, desde el punto de vista social, económico y medioambiental, es decir sostenible.
Como he intentado reflejar en esta entrada, deberíamos preguntarnos más a menudo de donde proceden los artículos que consumimos y que coste social y ambiental tiene su producción y manejo. He hablado tan solo de tres, una pequeña muestra de los que existen y a los que afortunadamente, aunque muy lentamente, se van sumando otros.
Para finalizar podríamos plantearnos lo siguiente, que una vez tengamos la mesa hecha con madera ecocertificada, nos sentemos a degustar un agradable plato de pescado o marisco capturado mediante técnicas que garanticen su continuidad como recurso para todos, para finalmente acabar saboreando un buen postre de chocolate, acompañado por el excelente aroma del café o te que ha sido cultivado, recolectado y comercializado de forma sostenible. Todo pensando en nuestra aportación al bienestar del planeta y sus moradores, todo pensado para el mejor presente y futuro de todos.
Entonces, ¿merece o no la pena darle la vuelta y mirar la etiqueta?. Votemos otro mundo con nuestro consumo, vota con tu compra.
miércoles, 6 de febrero de 2013
Húmeda realidad
Hace
alrededor de diez años, tuve la inmensa fortuna de recorrer uno de los más
grandes, biodiversos y espectaculares humedales del mundo, el Delta de río
Okavango. Situado en Botsuana, cubre una superficie de
entre 15.000 y 22.000 km² durante las crecidas, lo que representa casi la
mitad de la extensión de un país como Suiza. Su riqueza natural es difícil de
imaginar, casi toda la fauna emblemática de África (y alguna única como el
licaón) tiene allí su representación, con una singular peculiaridad, han de
convivir de forma casi anfibia durante los momentos de mayor inundación, que durante las crecidas llega a cubrir el
70% de su territorio. Un ejemplo es que allí existe la única población de leones nadadores, ya que se ven forzados a entrar en el agua para poder
dar caza a sus presas. Otra indescriptible peculiaridad, casi única de esta
geografía salvaje es que este delta, no se halla en el mar, sino en el desierto
del Kalahari. Algunos de sus pobladores humanos son también únicos, como los
San o Basarawa, una de las tribus más antiguas del planeta.
La razón por la que cuento esto es porque, hace
poco se celebró el día de los humedales, para recordarnos que este ejemplo de
riqueza sin igual que acabo de comentar tan someramente, como la mayoría de los
humedales de este planeta, se encuentra amenazado. Probablemente, por encima de
cualquier análisis cuantificador de impactos, quizás sea, simplemente porque
son los últimos territorios indomables, algo que a nuestra destructora especie
le cuesta aceptar, al menos al Homo
occidentalis.
Los pantanos, ciénagas o humedales como en
tiempos recientes se les denominó, los grandes, son territorios casi
indomesticables. A caballo entre la tierra y el agua, a veces secos y otras
rebosantes de agua, son lugares que el hombre durante siglos ha temido y a la
vez ha sabido sacar provecho de su sin igual patrimonio vital. Muchas
poblaciones humanas aún dependen de esta enorme riqueza para su subsistencia.
Los humedales son su despensa, su farmacia y su almacén de agua, todo lo que
necesitan para vivir lo encuentran allí. La vida en ellos es estacionalmente
cambiante, hay especies animales que los visitan temporalmente y especies
sedentarias. A veces parecen desparecer, pero la llegada de las lluvias les
hace hervir de vida, casi milagrosamente. La vida del ser humano por ello se
hace dura también, hay que resistir su inclemente ritmo, la pura adaptación al
medio hace a sus pobladores diferentes a otros hábitats, cualquiera que conozca
estos entornos sabe de que hablo. Es algo que trasciende latitudes. La
naturaleza impone la flexibilidad ecológica en todas sus facetas y eso, no
gusta porque es difícil de rentabilizar para el destructor sistema económico
que impera en el mundo.
A diferencia de los ríos, que en nuestro afán por
controlarlo todo, hemos domesticado con presas y embalses, los humedales
sencillamente se nos escapan, parecen desafiarnos, y ya sabemos que le ocurre a
todo lo que así interpreta nuestra especie. Casi no hay término medio, los
drenamos y secamos o permitimos que se conserven, eso sí, sólo una parte
representativa. Lo tremendo es que siendo los ecosistemas terrestres de mayor
productividad, cumpliendo funciones esenciales de regulación y abastecimiento
hídrico y demostrado una y mil veces que su sustitución por cualquier otra función
productiva es al lado de la natural, sencillamente ridícula, se sigan
destruyendo. Se calcula que actualmente ha desaparecido la mitad de su
superficie en el planeta. Su pérdida es silenciosa. Drenados, convertidos en
basureros o cloacas, piscifactorías, arrozales o sepultados bajo el hormigón,
desaparecen sin que nos demos cuenta.

Su pérdida no importa en los tableros bursátiles o tal vez sí, pero para el beneficio de unos pocos que con grandes planes de “desarrollo” obtienen también grandes fondos de inversión para, paradójicamente, hacerlos “productivos”, o eso dicen. Es el sueño de los ingenieros del FMI que siembran el mundo con sus megaproyectos, la inmensa mayoría de los cuales fracasan, o bien únicamente benefician a una élite local o minoría frente a la mayoría, que se ve obligada a abandonar, cortado el cordón umbilical que le unía a su tierra y su ancestral cultura.
Su pérdida no importa en los tableros bursátiles o tal vez sí, pero para el beneficio de unos pocos que con grandes planes de “desarrollo” obtienen también grandes fondos de inversión para, paradójicamente, hacerlos “productivos”, o eso dicen. Es el sueño de los ingenieros del FMI que siembran el mundo con sus megaproyectos, la inmensa mayoría de los cuales fracasan, o bien únicamente benefician a una élite local o minoría frente a la mayoría, que se ve obligada a abandonar, cortado el cordón umbilical que le unía a su tierra y su ancestral cultura.
Ejemplos de esta agonía los vemos por todo el
planeta, pero no hay que ir muy lejos para encontrarnos de bruces con la cruda
realidad. Podemos echarle la culpa al cambio climático, pero hace mucho que ya
le adelantamos el trabajo aquí.
La laguna gaditana de La Janda es un ejemplo de ello. Hasta los años 50 en que se inició su desecación, constituyo el mayor humedal interior de Europa. Otro tanto ocurrió con la enorme extensión que ocupaban las marismas del Guadalquivir, donde la zona inundable de Doñana, hoy no llega a alcanzar ni la cuarta parte de lo que antaño ocuparon estas tierras salvajes del sur. Y que decir de las Tablas de Daimiel…, sí mejor no hablar…
La laguna gaditana de La Janda es un ejemplo de ello. Hasta los años 50 en que se inició su desecación, constituyo el mayor humedal interior de Europa. Otro tanto ocurrió con la enorme extensión que ocupaban las marismas del Guadalquivir, donde la zona inundable de Doñana, hoy no llega a alcanzar ni la cuarta parte de lo que antaño ocuparon estas tierras salvajes del sur. Y que decir de las Tablas de Daimiel…, sí mejor no hablar…
No hacen falta cifras, cuando uno recorre estas
tierras ya drenadas convertidas en zonas de cultivo en su mayor parte, no deja
de sentir el latido nostálgico de lo que debió suponer la contemplación de su
espectacular belleza. Imaginar al ser humano obteniendo lo que necesita de los abundantes
recursos que estos espacios poseen, es algo que ya sólo podemos alimentar a
través de la lectura de los libros de historia y antropología o si tenemos la
suerte de conversar con alguno de sus pobladores supervivientes, ya muy ancianos.
Tenemos los testigos en el paisaje transformado, aprendamos de ello.
miércoles, 26 de diciembre de 2012
La penultima...
Tan pronto como aprendemos un nuevo palabro derivado del mundo anglosajón, nos viene otro encima que nos vuelve a enredar para quedarse. En este caso, por desgracia no es un añadido que únicamente contamina nuestra lengua, sea cual sea la que se hable en este país, sino que lo hace también con nuestro maltratado medio ambiente. Me estoy refiriendo al fracking, que es el término con el que se refiere a la penúltima técnica que se empieza utilizar para seguir destruyendo y contaminando nuestro territorio natural. En esencia el fracking consiste en fracturar (fácilmente deducible por su nombre) la roca madre sobre la que se asienta todo, fundamentalmente compuesta de pizarras y esquistos, para extraer el gas que está atrapado en ella. El método no puede ser más bestia, se utiliza una técnica de perforación mixta: en primer lugar se perfora hasta 5000 metros en vertical y después se perfora varios kilómetros en horizontal (2 a 5). A continuación, se inyecta agua con arena (98%) y una serie de aditivos químicos (2%) a gran presión. El resultado es que la roca se fractura, liberando el gas que contiene ascendiéndolo hasta la superficie a través de un pozo. El proceso se repite hasta que se ha extraído todo el gas de la veta rocosa. Hasta ahí, como siempre, aparentemente algo “inocuo” según sus defensores, pero parte de la mezcla inyectada vuelve a la superficie, en concreto entre un 15 y un 85%.
Pero ¿Cuáles son las consecuencias que todo este proceso acarrea?. Para empezar diré que esta técnica no tiene nada de novedosa, lleva años aplicándose en países como Estados Unidos y como siempre, ellos ya han sentido en sus “carnes” los efectos, así que como siempre también los desoiremos en esta ocasión. Los principales problemas que se han detectado en el uso de esta técnica en las zonas donde se lleva a cabo se pueden resumir en contaminación de las aguas superficiales y subterráneas, contaminación del aire, afecciones a la salud humana, alteraciones del paisaje y el terreno, contaminación de suelos al cerrar los pozos e incluso en zonas sensibles, riesgo sísmico.
Si sólo pensamos en el riesgo de contaminación de los acuíferos, estamos hablando de que en nuestro país alrededor de un 30% de la población se abastece de agua de estas zonas. Pensemos que retornar a su estado original un acuífero es en la práctica imposible o al menos hoy por hoy inviable económicamente, con lo que en términos reales estamos poniendo en manos de intereses privados ajenos a este recurso vital, el capital hídrico del que habremos de tirar para abastecernos ante el escenario climático que se nos avecina.
Ante este nuevo despropósito yo me pregunto, ¿de verdad necesitamos recurrir a este sistema a todas luces insostenible, en lugar de apostar por los ilimitados recursos energéticos que nos proporciona abundante y limpiamente la naturaleza? Es como si viviéramos al borde de un inmenso lago de aguas cristalinas y nos empeñáramos en construir una fábrica de refrescos para mitigar nuestra sed, cuyos desechos sin depurar los vertiéramos a ese mismo lago. Demencial.
Echa
d un vistazo a esto
El infierno del fracking (I y II)
http://www.youtube.com/watch?v=0RvSj_DI8MI
http://www.youtube.com/watch?v=n7GIK5SVreQ
y a esto...
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El infierno del fracking (I y II)
http://www.youtube.com/watch?v=0RvSj_DI8MI
http://www.youtube.com/watch?v=n7GIK5SVreQ
y a esto...
lunes, 20 de agosto de 2012
Otro año más...
Podía haber titulado esta entrada como "annus horribilis", pero eso ya nos sonaría a todo lo que además tenemos encima, y ya nos desborda. Esta vez la referencia la hago a que es otro año más que sufrimos la plaga inacabable de los incendios forestales, otro año más a sumar a la incompetencia e insensibilidad ya manifestada de una administración que no es capaz o más bien no quiere serlo, de ver más allá de sus intereses electoralistas donde la razón de estado que les asiste en su papel de gestores del bienestar de los ciudadanos, se impone al estado de la razón del bien común.
los muchos, demasiados e intolerables despropósitos que sufrimos, se le añade el abandono a su suerte de una naturaleza cada vez más castigada y por ende, necesitada de protección más que nunca antes las constantes agresiones que sufre día a día. Los incendios forestales son la parte más visible de ello, la más terrible por su alcance y devastación. Este año que va camino de alcanzar su último tercio, nos está acongojando el alma con el despliegue de horror que llevamos constatado, máxime si tenemos en cuenta que muchos de ellos se están produciendo en lugares no sólo emblemáticos, sino de altísima sensibilidad por su excepcional valor ecológico, Doñana, Garajonai, Sierra de Gata, Cabañeros, La Garrotxa, etc, etc. Y van muchas más hectáreas calcinadas que en 2011.
Si nos plantamos ante un mapa de España y los ubicamos nos daremos cuenta que su distribución no respeta casi ningún rincón de suelo “patrio”, desde Cataluña a Extremadura, de Andalucía a la Comunidad Valenciana y de ésta a Galicia, sin olvidar por supuesto al sin igual tesoro de Canarias. Otro tanto ocurre si queremos valorar los diferentes ecosistemas que está arrasando, bosques mediterráneos, atlánticos, laurisilva o del Pirineo. Se nos va la vida, porque esto no otra cosa que vida, “como el agua vertida en un canasto”.
Los sufridores directos de este castigo, además de la fauna y la vegetación que es arrasada, sin duda son sus pobladores humanos, que verán mermados sus recursos vitales de agua, tierra fértil, madera, caza, frutos, pastos, ganado… Pero también los indirectos, turismo, paisaje, economía asociada, etc, en otras palabras, FUTURO. Pero, ¿quién valorará la tristeza, la desilusión, la angustia, la impotencia ante tanta sin razón, la pérdida irreparable de sus valores más profundos arraigados como las raíces de sus árboles ya muertos, el exilio del alma?. Nada importa a este sistema económico expoliador, porque nada de ello cotiza en bolsa.
Antes tanta ignominia, ante tanta desolación cabe una única pregunta que debe estar atronando nuestros montes, nuestros bosques, ¿quién o quienes son los responsables?, la respuesta es dura, y quizás no guste a muchos, los responsables somos TODOS. Obviamente, gradual en esta atribución, cada cual debe hacer su propia reflexión al respecto. Y me explico. La administración es la ejecutora de las medidas pero no olvidemos nuestro papel como electores en esta democracia que día a día, están dinamitando ante nuestros ojos. La razón que asiste a los intereses economicistas a los que sirven los gobernantes que hemos elegido es la causa, este desastre plasmado en la constante destrucción de nuestro patrimonio natural es el efecto. Entre ambos estamos nosotros, la sociedad civil, y nuestra responsabilidad es actuar, no la desidia, ni el adormecimiento neuronal que nos inoculan día a día.
El incivismo que campa por doquier, no es sino fruto del escaso esfuerzo educativo que se ha dedicado a su erradicación. La educación en valores claves es la llave de todo, y por supuesto del respeto y la sensibilidad hacia algo tan fundamental como es la conservación de la naturaleza. De su ausencia parte el desprecio, la insensibilidad y finalmente el descuido, esa es la verdadera llama que prende el bosque. Desprecio, insensibilidad o descuido que se ven reflejados y alimentados por el mismo que demuestran algunas administraciones, cuyo resultado es el que estamos teniendo ahora. No creo necesario mencionar el papel de los intereses oscuros que sobre el territorio se mueven, eso merece un capitulo propio, donde valor y precio confunden a los necios, como diría el gran Antonio Machado, ante la pasividad de la mayoría, añado yo .
Los recortes se ceban con el fruto de ese coctel tremendo de indiferencia social, ignorancia y pérdida de valores. Si una sociedad sabe demandar lo que de verdad es valioso y esencial para su futuro, la casta política que gobierna no tendrá otra opción que escucharla, la que tenemos sabe muy bien que sólo unos pocos lo gritamos, gritos que se diluyen en el imponente volumen de gargantas gritando goles. Ojala algún día seamos más aquellos que éstos.
Mientras, enredados en el juego de la muerte, centenares de bomberos, agentes forestales y ciudadanos responsables sólo pueden oír el lamento de millones de árboles cayendo ante sus impotentes ojos. Pero para eso están los recortes, para recortar decibelios donde “sobrán”…
Mientras, enredados en el juego de la muerte, centenares de bomberos, agentes forestales y ciudadanos responsables sólo pueden oír el lamento de millones de árboles cayendo ante sus impotentes ojos. Pero para eso están los recortes, para recortar decibelios donde “sobrán”…
viernes, 22 de junio de 2012
Invirtamos de verdad en turismo de naturaleza
Parece que no hay manera, que no nos van a dejar que sea de otra forma. Nos condenan y nos condenamos nosotros con nuestra resignación, a que en esta entelequia que se llama Unión Europea se nos asigne el papel de comparsa por no saber gobernar ni gobernarnos, dicho esto con la mayor acepción de este concepto. Bueno, parece también que todo el sueño de que por fin saliéramos del marasmo histórico del que nos estaban liberando (entre otros) nuestros investigadores con los miles de artículos publicados en los últimos años, de altísimo nivel científico, reconocidos internacionalmente, ya no proseguirá gracias a la estulticia de muchos y la avaricia de no pocos. No quiero entrar en detalle, desgraciadamente de ello hay ríos de tinta impresa ya en todos los formatos y no descubriría nada nuevo.
Nos queda mirar para delante y recapacitar. Nos queda sacar provecho de los inmensos recursos naturales que nuestra geografía nos regala, ya sea en forma de esa energía inacabable que poseemos a raudales o de nuestro inmenso patrimonio cultural y natural. Como de esto último trata este blog y además en eso sí que somos afortunadamente muy ricos, pues, seamos lo suficientemente inteligentes para aprovecharlo con conciencia, es decir con conocimiento y plenitud. Contamos con la mayor biodiversidad de toda Europa, no sólo en especies vivas sino en paisajes y culturas desarrolladas en ellos, léase agroculturas que durante siglos modelaron especies diversas hasta constituirse también en el mayor patrimonio genético de este “continente”. Este enorme patrimonio también ha sido y es coparticipe en el mantenimiento de esa rica biodiversidad de la que hablo. Si eso cotizara en los activos de las riquezas nacionales, que lejos por debajo nos quedarían las potencias hegemónicas europeas que hoy dictan nuestra suerte. Y es aquí donde quiero llegar.
Vamos a unir dos elementos que jugando a nuestro favor, no somos capaces de enlazar para darnos cuenta de que puede ser una fuente de creación de riqueza bien entendida, racional, sostenible y por ende con sentido. Me estoy refiriendo a clima y biodiversidad, concretándose en su explotación a través del turismo de naturaleza.Quiero dejar claro que cuando digo turismo de naturaleza, no me estoy refiriendo al tipo de turismo que la utiliza como mero soporte físico para desarrollar actividades recreativas de diversión o los llamados deportes de “aventura” si no conllevan absoluto respeto. Estas actividades a mi entender, aún siendo lícitas siempre que no alteren el entorno, no representan el cambio de paradigma que debemos tener en cuanto a nuestra relación con la naturaleza, que nos debe llevar a restablecer la armonía y conexión perdida, respetando su equilibrio dinámico, sin pretender dominar nada.
Diversos estudios han confirmado que en los países donde este binomio se da, el ecoturismo es más rentable que la agricultura y la ganadería y además promueve la conservación de la naturaleza, de la que todos finalmente dependemos. El paradigma de ello lo podemos encontrar en países como Costa Rica donde este sector genera mayor riqueza que las principales producciones nacionales como el ganado, el café, el plátano o la piña juntos, siendo de esta última, el segundo productor mundial. Todo ello gracias a su enorme biodiversidad, pero sobre todo a su gestión y buen hacer. Países de este entorno como Honduras poseen una riqueza muy similar, pero su gestión y buen gobierno no la permiten despegar en este sentido. Es el contrasentido que nos sirve como ejemplo a no seguir.
Diversos estudios han confirmado que en los países donde este binomio se da, el ecoturismo es más rentable que la agricultura y la ganadería y además promueve la conservación de la naturaleza, de la que todos finalmente dependemos. El paradigma de ello lo podemos encontrar en países como Costa Rica donde este sector genera mayor riqueza que las principales producciones nacionales como el ganado, el café, el plátano o la piña juntos, siendo de esta última, el segundo productor mundial. Todo ello gracias a su enorme biodiversidad, pero sobre todo a su gestión y buen hacer. Países de este entorno como Honduras poseen una riqueza muy similar, pero su gestión y buen gobierno no la permiten despegar en este sentido. Es el contrasentido que nos sirve como ejemplo a no seguir.
Costa Rica supo apostar durante la década de los 80 por ello, en una región muy difícil por plagada de conflicto bélicos, marcó su diferenciación atrayendo a la comunidad científica de Estados Unidos y Europa que se encargo de invertir y divulgar su riqueza, lo que trajo como benefactor efecto secundario la llegada de turismo de naturaleza. Hoy es su principal industria, y su principal empeño conservarla. No tiene ejercito al uso, pero sí uno compuesto de conservacionistas y gente que de una u otra manera vive de que su medio sea preservado. Esto lo han entendido bien gobernantes y gobernados.
Nuestro clima es demandado por una gran parte de turismo, nacional y sobre todo internacional, mucho de lo cual es sensible y amante de la naturaleza que desconoce esta riqueza que atesoramos, porque nuestros gobiernos invierten masivamente en divulgar poco más que folclore, sol y playa. De ésto tenemos muchos competidores en nuestro entorno geográfico, pero no de lo que hablamos. De los 226 tipos de hábitats reconocidos de alto interés en la UE por la Directiva Hábitats, 121 (el 54%) se encuentran en territorio español. Contamos con el mayor número de especies de mamíferos, aves y reptiles y estamos en tercer lugar en cuanto a anfibios y peces. De todo ello, Andalucía por su estratégica situación geográfica tiene un destacado papel, de las 636 especies de vertebrados identificadas en España, más de 400 habitan en esta comunidad, convirtiéndola en la de mayor riqueza faunística. Tenemos pues la riqueza, aprovechémosla para generar empleo con racionalidad, conservándola para que su productividad se mantenga para el bien de todos, indefinidamente.
jueves, 12 de abril de 2012
El otro tiempo
No hace mucho se realizó el cambio horario que tradicionalmente se viene llevando a cabo desde 1974, mientras cambiaba de posición las agujas del reloj no pude evitar reflexionar sobre lo que significa el tiempo y como ello repercute en nuestra relación con la naturaleza, y en definitiva, la vida. El tiempo es en verdad y posiblemente junto a la muerte el elemento de nuestra existencia que más nos iguala, lo que equivale a decir que más no democratiza en la experiencia vital. Ricos o pobres, hombres o mujeres, los seres humanos de cualquier lugar y etnia del planeta tienen el mismo tiempo disponible cada día, es algo que por fortuna el dinero tampoco puede comprar ni atesorar. La diferencia está en cómo es gestionado y en ello radica una enorme diferencia.
Pero esto, a pesar de ser una verdad incuestionable, dista mucho de serlo de forma absoluta, y me explico. El tiempo, es en realidad una mera invención del ser humano, 86.400 segundos cada día es lo que nos hemos dado para organizar nuestra existencia y digo organizar, porque disfrutar es otra historia para la inmensa mayoría de los siete mil millones de personas que habitamos la tierra.
Ni que decir hay, que este bien tan preciado a lo largo de la historia se ha ido también mercantilizando es decir, se le ha dotado de precio y ahora hemos de pagar por disfrutar de algo que por ley natural nos pertenece. Hemos pasado de disponer de él para la organización de nuestras necesidades humanas, materiales o espirituales a tenerlo que administrar según nos impongan los imperativos socio económicos. Pagamos por su disfrute de forma directa o indirecta, pero pagamos como por cualquier bien preciado. Es como si su posesión fuera potestad de “alguien” y se nos “concediera” un pellizco de ello. Esta reflexión me lleva a su vez a establecer el paralelismo con el de otros bienes que también nos están robando como el agua, el aíre, el silencio... Ya estamos pagando y cada vez más por el primero y seguirá el ascenso, y pronto lo haremos de forma directa (ya lo hacemos indirectamente saliendo a respirar y buscar sosiego los fines de semana) por los demás.
Pero, volvamos al tiempo, ese “elemento” tan esencial en nuestras vidas que por más que nos empeñemos y nos pese, es imposible guardarlo, pues no existe lugar alguno en el universo donde podamos depositar el que supuestamente ahorramos, con el fin de hacer un mejor uso más adelante. ¿Qué ha ocurrido para que con el devenir de la existencia humana hayamos ido aumentando el tiempo dedicado al mantenimiento de nuestras necesidades “básicas” y disminuido el del disfrute (no menos básico para nuestra salud)?, pues sencillamente que nos han engañado o nos hemos dejado engañar. Desde hace bastante, no están inculcando que hemos de incorporar como necesidades básicas cosas que antes no lo eran, por lo que para conseguirlas debemos aumentar la dedicación al trabajo en detrimento de la que deberíamos dedicar a nuestro disfrute, a la familia o a la mejora de la sociedad. Es decir vendemos ese bien tan preciado, para que otros lo disfruten con la plusvalía generada gracias a los ingresos adquiridos por los productos que nosotros compramos y que aunque en realidad no los necesitamos, nos hacen pensar que sí. ¿Listos no?, ellos me refiero, claro.
A estas alturas del comentario alguien se preguntará, en un blog como éste ¿cabe hablar del tiempo si no es el atmosférico? Pues sí, ya que aunque la complejidad del tema es enorme, la relación que hemos establecido con la Naturaleza es fiel reflejo de la conceptualización que hemos desarrollado al respecto. A partir del neolítico, cuando se nos acabo la época de cazadores recolectores para pasar (¿evolucionar?) progresivamente hacia sociedades cada vez más complejas, más cómodas para algunos, el tiempo mermó para casi todos. Está más que demostrado que las sociedades de cazadores recolectores no necesitan más de 4 o a lo más 5 horas para satisfacer sus necesidades básicas, el resto lo pueden dedicar a la sociedad, su cultura y disfrutar de las relaciones humanas de su grupo. Entonces, ¿quien se está quedando con ese tiempo que nos pertenece y que en abrumadora mayoría sacrificamos en tareas ingratas, duras y cada vez más, peor pagadas?
Deberíamos pararnos a pensar la ingente cantidad de dinero y esfuerzo que nos detraen y que es dedicado a mantener las estructuras de poder, estructuras que energéticamente, en su mayor parte están orientadas a destruir la naturaleza, con la finalidad de seguir acumulando “riquezas” solo para unos pocos y en detrimento de la gran mayoría de los seres humanos que dependen o dependerán de ella.
En nuestra desarrollada o mejor cabría decir desarrollista, sociedad occidental, tenemos cada vez más bienes materiales, a un costo por otra parte insostenible e insolidario con el resto del planeta, pero paradójicamente cada vez menos tiempo para disfrutarlos aún a pesar de no necesitarlos. Si hay dinero se puede comprar casi todo, incluso el “tiempo” de los demás que será sacrificado para que unos pocos obtengan más, parte de nuestra vida será así puesta en venta, y cada vez más barata…
En definitiva, con nuestro tiempo se enriquecen unos pocos, se generan capitales que esclavizan a la mayor parte de la humanidad, (ricos, pobres, norte, sur), se esquilman los recursos y se destruyen las posibilidades de que el ser humano pueda seguir coexistiendo con quien únicamente a cambio de respeto, le da todo, la Naturaleza. Viajando por el mundo he podido comprobar que el estado de plenitud que todos buscamos poco o nada tiene que ver con lo que de material se posee y sí con esa armonía con la naturaleza, eso lo resume con total clarividencia el aforismo africano que dice que nosotros tenemos el reloj, pero ellos tiene el tiempo
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